El término neurodiversidad indica la variedad de formas en que las personas perciben los estímulos, procesan la información, gestionan la atención, se comunican y regulan la experiencia sensorial.
Fecha
12 enero 2026
El término neurodiversidad indica la variedad de formas en que las personas perciben los estímulos, procesan la información, gestionan la atención, se comunican y regulan la experiencia sensorial.
Esta pluralidad plantea una cuestión de diseño cada vez más relevante: ¿cómo diseñar objetos que puedan ser comprendidos y utilizados por perfiles cognitivos y sensoriales diferentes?
En el sector de los juguetes, el tema se vincula al diseño inclusivo, un enfoque que considera desde el inicio la diversidad de necesidades y de modalidades de interacción, evitando adaptaciones posteriores. El objetivo no es diseñar productos “especiales”, sino desarrollar objetos capaces de ofrecer experiencias de juego accesibles, flexibles y compartibles.
Este artículo analiza algunos principios y criterios de diseño útiles para desarrollar juguetes inclusivos, con atención a la sensorialidad, la ergonomía, la seguridad y la comunicación del juego.
En el diseño de juguetes, considerar la variedad de perfiles cognitivos y sensoriales significa observar cómo las personas interactúan con los objetos, interpretan las reglas y reaccionan ante los estímulos presentes en la experiencia de juego. Estas diferencias pueden influir en la comprensión de las actividades, en los tiempos de atención y en las modalidades de participación.
El juego constituye un contexto relevante para el desarrollo y la interacción: a través de la actividad lúdica se activan procesos de aprendizaje, relación y autonomía. Los juguetes se convierten así en herramientas que facilitan la exploración del entorno y la participación en actividades compartidas.
Los contextos de uso influyen en los objetivos y en las limitaciones del diseño, entre los principales:
• hogar, donde el juego acompaña momentos de exploración autónoma y relación familiar;
• escuela, donde el juguete puede apoyar actividades colaborativas dentro de procesos de educación inclusiva;
• contextos terapéuticos o de rehabilitación, donde el juego se utiliza en actividades guiadas;
• espacios públicos o educativos, que requieren objetos resistentes y fácilmente compartibles.
Las modalidades de interacción también pueden variar: algunos juegos favorecen la experiencia individual, mientras que otros promueven la participación de varias personas. En muchos casos, la previsibilidad y la claridad de las dinámicas del juego contribuyen a hacer la experiencia más accesible.
En el toy design, el diseño inclusivo se traduce en criterios que reducen las barreras y amplían las posibilidades de uso. Entre los principales:
• accesibilidad, para permitir el uso del juguete por personas con diferentes capacidades motoras o cognitivas;
• flexibilidad de interacción, que permite múltiples formas de utilizar un mismo objeto;
• comprensibilidad, mediante funciones y retroalimentación claras;
• simplicidad de uso, que facilita la exploración autónoma.
Junto a la dimensión funcional surge un importante aspecto ético y cultural: el proyecto debe evitar estereotipos o representaciones reductivas de la diversidad.
Otro elemento relevante es el papel de las familias y los educadores, que a menudo acompañan la experiencia de juego. Información clara sobre el producto, instrucciones legibles y sugerencias de uso facilitan la elección y la gestión del contexto lúdico.
El diseño de juguetes inclusivos requiere además un enfoque transdisciplinar: diseñadores, pedagogos, psicólogos del desarrollo, ergonomistas y especialistas en materiales colaboran para desarrollar soluciones eficaces y responsables. Este enfoque refleja una visión del diseño orientada al impacto social y a la calidad de la experiencia proyectual.
En el ámbito del toy design, elementos como los sonidos, las superficies y los estímulos visuales influyen directamente en la manera en que un objeto es percibido y utilizado. Por este motivo, resulta útil definir algunos parámetros claros de diseño, como la intensidad del estímulo, su frecuencia, su duración y la posibilidad de regulación, con el fin de controlar la calidad de la experiencia sensorial.
Dentro de esta dimensión, las propiedades de los materiales —como la suavidad, la rigidez o la temperatura percibida— modifican la sensación al contacto y pueden fomentar la exploración manual. Al mismo tiempo, en las decisiones de diseño siguen siendo centrales factores prácticos como la resistencia, la facilidad de limpieza y la seguridad.
En algunos casos, el diseño se centra en interacciones táctiles simples y repetitivas, concebidas para ofrecer estímulos controlados y fácilmente gestionables. Los fidget toys constituyen un ejemplo ampliamente difundido: pequeños objetos diseñados para manipularse, presionarse o girarse, proporcionando retroalimentación táctil y mecánica esencial.
El sonido y la luz también requieren decisiones de diseño cuidadosas, que permitan regular y personalizar la experiencia sensorial. Entre las soluciones más frecuentes se encuentran:
• volumen ajustable o modos silenciosos, para controlar la intensidad sonora;
• luces estables o regulables, evitando efectos intermitentes o demasiado intensos;
• modos de bajo estímulo, que reducen la cantidad total de input sensorial.
En el toy design, la ergonomía se refiere a la manera en que el cuerpo interactúa con el objeto: dimensiones, peso, equilibrio y tipos de agarre influyen en la facilidad de manipulación y en el control durante el juego. Formas legibles, superficies fáciles de sujetar y mecanismos intuitivos facilitan una interacción más inmediata, mientras que señales visuales, táctiles o sonoras ayudan a comprender los efectos de las propias acciones.
Al mismo tiempo, el diseño debe integrar criterios de seguridad relacionados tanto con la estructura del objeto como con la experiencia de uso. Bordes redondeados, componentes de dimensiones adecuadas, resistencia estructural y la calidad de los materiales y recubrimientos contribuyen a reducir los riesgos durante la utilización.
La Comunicación Aumentativa y Alternativa (CAA) incluye estrategias y herramientas que apoyan la comunicación mediante símbolos, imágenes y recursos visuales. En el diseño de juguetes puede emplearse para hacer las reglas y las acciones más comprensibles.
Pictogramas, símbolos e instrucciones visuales paso a paso ayudan a orientarse dentro del juego y a facilitar una interacción más inmediata. El mismo nivel de claridad debería reflejarse en el packaging y las instrucciones, mediante secuencias visuales simples y una gráfica coherente con el producto.
En algunos proyectos inclusivos también se introducen modalidades de juego open‑ended, con reglas flexibles que permiten distintas interpretaciones y niveles variables de dificultad.
Un papel importante lo desempeña asimismo el diseño participativo, que involucra a niños, familias, educadores y profesionales en las fases de desarrollo del producto. El proceso de validación puede incluir observaciones durante sesiones de juego, prototipos e iteraciones sucesivas, evaluando aspectos como la comprensión de las actividades, el grado de participación y el confort sensorial.
Comprender cómo el diseño puede responder a necesidades complejas es esencial para quienes desean trabajar en el sector del producto y la innovación.
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