Plan de comunicación: un ejemplo práctico

Fecha

20 enero 2024

Un plan de comunicación es un documento estratégico de suma importancia, que define los objetivos, los mensajes clave, los canales y las actividades de comunicación de una empresa.

El plan de comunicación es un instrumento que sirve para garantizar la coherencia en todos los aspectos de la comunicación. ¿Cuáles son las mejores técnicas para crear un plan de comunicación que no solo alcance, sino que comprometa e influencie, al correspondiente público? En este artículo exploraremos las estrategias y técnicas para desarrollar un plan de comunicación eficaz, analizando cada fase del proceso y proporcionando ejemplos prácticos para ilustrar la forma en la que estos conceptos se traducen en acciones concretas.

Análisis del contexto: definir objetivos y público

Un plan de comunicación eficaz empieza por un análisis detallado del contexto en el que se opera. Este proceso no es solo una fase preliminar, sino el fundamento sobre el cual construir toda la estrategia de comunicación. Comprender el contexto significa analizar el mercado, la competencia, las tendencias actuales y, sobre todo, definir con claridad los objetivos y el público objetivo.

Definición de los objetivos

Los objetivos de comunicación pueden identificarse de acuerdo con distintos enfoques, entre los que encontramos la formulación de los mismos según el criterio «smart». Esto significa que cada objetivo debe ser:

  • Específico: Definido y detallado con claridad. Por ejemplo, en lugar del concepto general de «aumentar el reconocimiento de marca», un objetivo específico puede ser «aumentar el reconocimiento del nuevo producto entre los profesionales del sector durante el próximo trimestre».
  • Medible: Se debe poder cuantificar el éxito de la actividad. Por ejemplo, «llegar a 10 000 seguidores en Instagram en un plazo de seis meses» es un ejemplo concreto de objetivo medible.
  • Alcanzable: Realista y realizable con los recursos y el tiempo disponibles. Un objetivo demasiado ambicioso puede ser desalentador, mientras que uno demasiado fácil podría no estimular la mejora.
  • Relevante: En línea con la visión y la misión de la organización. Cada objetivo de comunicación debe contribuir a alcanzar los objetivos más generales de la empresa.
  • Temporalizado: Con un plazo claro. Esto ayuda a mantener el enfoque y a medir el progreso a lo largo del tiempo.

Identificación del público

La definición del público objetivo es otro aspecto de vital importancia. No se trata solo de identificar un grupo demográfico general, sino de comprender a fondo quiénes son los destinatarios del mensaje. Esto incluye:

  • Características demográficas: Edad, sexo, nivel de instrucción, ingresos, etc. Por ejemplo, un producto de belleza podría dirigirse a un público femenino de entre 20 y 35 años.
  • Intereses y preferencias: ¿Qué busca el público objetivo? ¿Cuáles son sus pasatiempos y pasiones? Por ejemplo, para un público interesado en la sostenibilidad, un mensaje que hace énfasis en el impacto ecológico de un producto puede ser particularmente eficaz.
  • Comportamientos y costumbres: ¿Cómo pasa el tiempo el público objetivo o un segmento de este? ¿Cuáles son sus hábitos de consumo? A un público joven y tecnológicamente experto se puede llegar con mayor facilidad a través de plataformas digitales como aplicaciones y redes sociales.
  • Necesidades y retos: ¿Qué problemas debe resolver el público? Comprender los retos y las necesidades de las personas ayuda a crear mensajes que repercutan a nivel personal, estimulando las relaciones a un nivel más profundo.

Selección de los canales de comunicación

La elección de los canales de comunicación es una fase delicada en la construcción de un plan de comunicación. Cada canal, como pueden ser las redes sociales, el correo electrónico, los blogs o los comunicados de prensa, entre otros, tiene sus peculiaridades y llega al público de diferentes formas.

La selección debe basarse necesariamente en dos elementos que ya hemos visto anteriormente: los objetivos y el público. Por ejemplo, las redes sociales son ideales para un público joven y dinámico, siempre en busca de novedades, y deseoso de descubrir en tiempo real las nuevas tendencias; mientras que los correos podrían ser más eficaces en el caso de las comunicaciones formales o para un público más selectivo, o incluso para construir una relación personal. La clave está en la diversificación y la integración de los canales para maximizar el impacto y la eficacia del mensaje en su conjunto.

Creación del mensaje clave: claridad y coherencia

Llegamos ahora a lo que podemos definir la esencia de todo plan de comunicación: el mensaje clave. Debe ser claro, conciso y coherente en todos los canales de comunicación. Un mensaje eficaz sacude, queda plasmado en la mente del público durante mucho tiempo y estimula una acción o una reacción. Para alcanzar este objetivo es fundamental mantener un tono de voz coherente y adaptar el mensaje no solo al contexto sino también al canal sin jamás perder su esencia.

Planificación temporal: calendario y secuencia de las actividades

La planificación temporal es un aspecto del plan de comunicación que a menudo se subestima. No se trata solo de decidir «qué» y «cómo» comunicar, sino también de establecer con precisión «cuándo» y «en qué secuencia» se deben ejecutar las distintas actividades. Este proceso requiere una atenta organización y una visión estratégica del tiempo.

Creación de un calendario editorial

Un calendario editorial bien estructurado puede definirse como el pilar de una planificación temporal exitosa. Este instrumento permite visualizar y organizar el plan de comunicación íntegro de forma diaria, semanal, mensual o incluso anual. Por ejemplo, para una campaña de marketing, se podría planificar el contenido en redes sociales dos veces por semana, un artículo en el blog cada quince días y un boletín informativo una vez al mes. Cada elemento debe programarse para maximizar su impacto, teniendo en cuenta eventos relevantes, festividades, aniversarios de la empresa o lanzamientos de productos.

Secuencia de las actividades

La secuencia en la que se realizan las actividades es tan importante como la planificación de las mismas. Es esencial establecer un flujo lógico y coherente que guíe al público a través de una trayectoria comunicativa bien definida. Veamos otro ejemplo práctico: una campaña de sensibilización podría empezar con publicaciones educativas en las redes sociales, seguidas de seminarios web interactivos para atraer activamente al público objetivo y finalizar con un evento in situ. Esta secuencia contribuye a generar interés y a aumentar el compromiso paso a paso.

Flexibilidad y adaptabilidad

Pese a la importancia de una planificación cuidadosa, es absolutamente imprescindible mantener una cierta flexibilidad. El mundo de la comunicación es dinámico y está sujeto a cambios rápidos. Tras un acontecimiento imprevisto, tendencias emergentes o reacciones del público puede ser necesario tener que ajustar el plan. Por ejemplo, durante una crisis, puede ser necesario suspender la programación regular para concentrarse en comunicaciones más urgentes y relevantes.

Medición de los resultados: evaluar la eficacia del plan

La medición de los resultados es un paso necesario para evaluar la eficacia de un plan de comunicación. Este proceso no solo proporciona una visión clara del éxito o de las áreas de mejora, sino que también es esencial para orientar las decisiones futuras.

Definición de los KPI

Los indicadores clave de rendimiento (KPI, por sus siglas en inglés) son métricas específicas elegidas para evaluar la eficacia de las distintas acciones de comunicación. La elección de los KPI depende de los objetivos específicos del plan. Si el objetivo fuera aumentar el reconocimiento de marca, los KPI podrían incluir el número de menciones online de la marca en las redes sociales o el tráfico orgánico del sitio web. Si el objetivo fuera generar clientes potenciales, los KPI podrían concentrarse en el número de suscriptores al boletín o en las solicitudes de información recibidas.

Análisis de las métricas

Una vez definidos los KPI, es importante analizar periódicamente las métricas correspondientes. La tasa de participación en las redes sociales, por ejemplo, puede proporcionar información valiosa sobre la interacción del público con el contenido publicado. El tráfico del sitio web puede revelar qué puntos de contacto atraen a más visitantes y qué páginas de la web captan más atención. La conversión, es decir, el paso del interés a la acción real (como una compra o un registro), es un indicador directo de la eficacia del mensaje y de la estrategia global, y es más relevante que cualquier otro KPI.

Adaptabilidad y actualizaciones continuas

Por último, pero no por ello menos importante, un plan de comunicación debe ser flexible y adaptable. El mundo de la comunicación evoluciona constantemente, con la aparición de nuevas tecnologías y tendencias. Ser versátiles y estar preparados para actualizar el plan de comunicación representa un enfoque útil y valioso para seguir siendo relevantes y eficaces para los usuarios.

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