Este proyecto propone una nueva mirada a la arquitectura educativa desde la experiencia de la primera infancia.
Año académico
2025/2026
Este proyecto propone una nueva mirada a la arquitectura educativa desde la experiencia de la primera infancia.
Los entornos en los que aprendemos influyen en nuestra forma de explorar, jugar y relacionarnos. Desarrollado como Trabajo de Fin de Estudios en el Grado Oficial de Diseño de Interiores, el proyecto investiga cómo el diseño de los espacios puede convertirse en una herramienta activa de aprendizaje, favoreciendo el movimiento, la exploración y el desarrollo sensorial de los niños.
Las aulas son mucho más que lugares donde se imparten conocimientos. En la primera infancia, el espacio forma parte del propio proceso de aprendizaje, influyendo en la manera en que los niños exploran, se relacionan y descubren el mundo que les rodea. Este Trabajo de Fin de Estudios parte de esta idea para replantear el papel de la arquitectura en la educación infantil. La propuesta entiende el entorno como un agente educativo capaz de estimular el aprendizaje a través del movimiento, la percepción y la experiencia sensorial.
En lugar de concebir el aula como un escenario estático, plantea espacios que invitan a recorrer, descubrir e interactuar, favoreciendo una relación más libre y activa con el entorno. El proyecto incorpora recorridos, conexiones visuales y diferentes atmósferas espaciales que acompañan formas de aprendizaje abiertas y participativas. De este modo, la arquitectura deja de ser un simple contenedor de actividades para convertirse en un elemento que favorece el desarrollo cognitivo, físico y emocional durante las primeras etapas de la infancia. Más allá del diseño de un edificio, la propuesta reflexiona sobre la capacidad de la arquitectura para influir en la experiencia educativa y plantea espacios donde aprender también significa explorar, moverse y descubrir.